Leonard Cohen

Voz de la intelectualidad desde la poesía a la música.      

”Siempre pensé que poesía es el nombre que otros dan a cierto tipo de escritura, así que llamarse a uno mismo poeta es una descripción peligrosa.  Es tarea de otros decidir” – Leonard Cohen 

”Mis dos grandes héroes son W.B. Yeats y Federico García Lorca” – Leonard Cohen

Mejores Discos
Songs of Leonard Cohen: 1967
Songs From a Room: 1969
Songs of Love and Hate: 1971
I´m Your Man: 1988
Live in London: 2009

Una voz profunda, desde seis décadas atrás.
La voz de Leonard Cohen es un instrumento que ha ido cambiando de tono a través de las seis décadas en las que ha sido utilizado. Si en su disco inicial Songs of Leonard Cohen, de 1967, escuchábamos una voz relativamente joven y limpia, en sus últimos trabajos, y con casi ocho décadas a cuestas, el cantante, poeta y escritor canadiense nos embelesa con su tono profundo, repleto de historias y de recuerdos que nos invitan a escucharlo y re-escucharlo con la atención que se presta a un viejo maestro.

En efecto, pronto se cumplirán 50 años de carrera musical de un poeta y escritor que llegó a la música tanto por su eterno amor por la misma como por la simple necesidad económica.  Tras una infancia cómoda en el barrio angloparlante de Westmount, dentro de la mayoritariamente francófona Montreal, Cohen pasó a estudiar letras en la Universidad McGill, uno de los centros educativos más prestigiosos del mundo y un hervidero cultural del cual el futuro cantautor se aprovechó para estimular sus ambiciones literarias. 

Inicios como poeta y escritor
Siempre inteligente y con dotes naturales para la literatura y la poesía, Cohen no tardó en adentrarse en el círculo de poetas de su ciudad. Tanto durante el transcurso de sus estudios como poco después de terminarlos,  ganó sus primeros premios para comenzar a hacerse notar en el panorama literario norteamericano. Esta notoriedad le trajo muchos beneficios, entre ellos becas y subvenciones del gobierno para que su “niño prodigio” dedique 100% de su tiempo a escribir y contribuya sin distracciones a nutrir el catálogo de obras literarias canadienses.

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Cohen pasó sus primeros años de graduado recorriendo el país junto a otros poetas y llevando su trabajo por universidades, librerías y bares artísticos a fin de dar a conocer su nombre.  Sus primeros libros de poesía y novelas lograron halagos de parte de la crítica pero su estilo nunca rondó ni quiso rondar por el camino de los best sellers.  Tras varios años entre Montreal y Nueva York dedicados a estudiar, escribir y explorar la escena beat, Leonard Cohen decidió autoexiliarse en Hidra donde los calurosos y secos veranos, los moderados inviernos y la total desconexión con su pasado le ayudarían a concentrarse en su producción literaria.    

Varios años en Hidra rindieron sus frutos artísticos, pero a pesar del moderado interés por su obra, el dinero generado no era suficiente para pagar las cuentas de una vida bohemia, llena de aficiones.  En vista del apogeo de la música folk a principios de los sesentas, Cohen comenzó a coquetear con la idea de dar el paso desde la literatura a la música.  Ya desde su época de estudiante en McGill, Cohen había utilizado la guitarra para acompañar sus poemas y ese interés se fue incrementando poco a poco con el paso de los años y el espaldarazo moral que significaba ver a artistas como Bob Dylan, Joan Baez o Peter, Paul and Mary en una posición de guías ideológicos y miembros respetados de la intelectualidad de la nueva década.  De vuelta en Nueva York, Cohen comenzó a contactar productores y no tardó mucho en encontrar una compañía disquera interesada en lanzar al mercado sus canciones que destilaban ya ese sonido que sería su marca registrada.

Álbum Debut y discos iniciales
El álbum debut Songs of Leonard Cohen es ya una obra madura que contiene algunas de las canciones más celebradas de toda la carrera del cantautor.  Sea porque Cohen estaba ya a medio camino de sus treintas, porque su experiencia como poeta y escritor eran importantes, o porque simplemente era un compositor extremadamente capaz, el artista logró con su primer disco construir los ambientes y las texturas que se mantienen hasta hoy como su sello personal.  Las canciones nos presentan motivos melancólicos y evocadores narrados con instrumentación suave de guitarra y una voz que pocas veces sale de la categoría de susurro.  Es sin duda un disco extremadamente sólido donde tanto la temática compositiva como la música guardan una congruencia enorme a través de sus 41 minutos y donde canciones como Suzanne o So Long Marianne pasan de estrenos a clásicos instantáneos por su calidad y trascendencia.  La portada en tonos sepias donde un Cohen de traje nos mira serio desde una foto estilo pasaporte, no puede estar más alejada de otras portadas populares producidas también en ese sicodélico 67. 

Songs of Leonard Cohen logró excelentes críticas de la prensa especializada mientras que su idiosincrasia lo hizo un álbum de culto entre el pequeño grupo de aficionados que disfrutan con música que para otros podría resultar gris, melancólica o incluso deprimente.  El sonido de este trabajo debe tanto al folk estilo Greenwich Village de principios de los sesentas como a la chanson française, estilo Jacques Brel o Léo Ferré y seguramente por ello, la música de Cohen desde un inicio tuvo gran acogida en Francia, Bélgica, los Países Nórdicos y en resumen en toda Europa Occidental, territorio donde la popularidad del artista se ha mantenido firme a través de los años y los cambios de estilo.

El segundo álbum, Songs From a Room, de 1969 es aún más espartano en su instrumentación ya que no contiene los coros angelicales ni los arreglos de cuerdas incluidos en el debut y que nunca fueron del gusto total del autor.  Si bien este segundo trabajo se acerca más a la idea musical de Cohen, no todas sus canciones tienen el mismo encanto que las del primero.  Para muchos el sonido crudo de este disco es demasiado extremo en su desnudez y cae en el aburrimiento.  Para otros es un disco magnífico pero generalmente considerado inferior al álbum debut y al tercero Songs of Love and Hate. 

Leonard COHEN

Songs of Love and Hate de 1971 es, como su título lo describe, una recopilación de canciones con temática bastante más confrontativa que sus anteriores y donde los problemas de pareja, el descontento con su carrera y la tensa situación política mundial producen un aire más desesperanzado y triste que en ninguno de sus trabajo anteriores. 

Los setentas, ochentas y Hallellujah
Tras su tercer disco, la carrera de Cohen cayó en un paréntesis creativo y de calidad y los años setentas se volvieron una especie de década perdida para el compositor, quien produjo discos mediocres que reflejaban sus constantes problemas de depresión e inestabilidad en su vida personal.  En estos tiempos Cohen comenzó a descubrirse a sí mismo a través de una minuciosa auto inspección que tuvo aciertos y desaciertos pero que finalmente lo llevó a adentrarse en el Budismo Zen, filosofía en la cual se ha mantenido con varios niveles de interés, incluso llegando al punto de enclaustrarse en un monasterio por años y ser ordenado monje dentro de su comunidad.  

En 1984, Cohen lanzó su disco Various Positions, el mismo que no logró atraer mucho interés, pero que contenía una joya escondida que inicialmente pasó desapercibida y que poco a poco, y más que nada en versiones de otros artistas llegaría a convertirse en la canción más celebrada de Leonard Cohen y muy probablemente en una de las canciones mas reverenciadas de todos los tiempos, la mítica Hallellujah, una obra en progreso a la que Cohen ha añadido y quitado versos a través de los años pero que en cualquiera de sus versiones es sin duda una de las composiciones más emotivas jamás escritas. 

Con respecto a Hallellujah y en general al estilo de componer canciones del artista canadiense, hay una conocida anécdota que cuenta sobre un encuentro que tuvieron Bob Dylan y Leonard Cohen a mediados de los ochentas.  Ambos compositores son grandes admiradores el uno del otro y se dice que Dylan preguntó a Cohen

–       Dylan: “¿Dime Leonard, cuánto tiempo tardaste en componer la canción Hallellujah?”
–       Cohen: “Me tomó alrededor de cuatro años.  ¿Y tu Bob, cuánto tiempo tardaste en componer  “I and I?”
–       Dylan: “Bueno… alrededor de 15 minutos”  

Los ochentas terminaron de buena forma para Cohen ya que en 1988 lanzó su mejor disco en casi 20 años, el aclamado I´m Your Man, mismo que incluye varias canciones que están entre las mejores de su carrera y donde ya se puede notar que la voz del artista había cambiado de forma dramática desde sus inicios para convertirse en ese instrumento característico de los últimos tiempos. Sin embargo, hay algo que queda fuera de foco en sus discos de los ochentas y noventas y esa es la instrumentación a veces poco pulida y excesivamente basada en sintetizadores que suenan casi como si Cohen hubiese grabado sus canciones en un bar de karaoke. Definitivamente la instrumentación choca y disminuye el impacto de esas letras tan interesantes y profundas que nos presenta el cantautor.

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En el área de las portadas Cohen nos queda debiendo con imágenes que no guardan mucha congruencia entre disco y disco, y más aun, no van bien de la mano con la propuesta músical. 

La actualidad de un viejo maestro
Algunos periodos de aislamiento dentro del Monasterio Zen de Los Ángeles entremezclados con giras, libros y colaboraciones artísticas de varios tipos fueron el matiz de la vida de Cohen en los noventas y hasta el 2005, año en que descubrió que su Manager había malversado su dinero y lo había dejado con una fracción mínima de su capital.  Tras varios años de juicios, finalmente Cohen ganó el caso, pero no pudo recuperar su dinero y se vio en el apuro de salir a dar conciertos a fin de poder subsistir.  Es por esta casualidad que Cohen ha seguido activo últimamente, y a pesar de ser algo inicialmente negativo para el artista, curiosamente estos últimos años son los que han lanzado a Cohen a una fama nunca antes vista por ser considerado como uno de los artistas más importantes de todos los tiempos.  El instantáneamente clásico Live in London del 2009 queda como el legado de una obra maestra en vivo donde el cantautor recorre sus más de 40 años de carrera musical.

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Su disco del año 2012, Old Ideas es muy interesante y Cohen regresa a un sonido acústico, pero esta vez aderezado con pianos y coros de estilo góspel que lo hacen una obra que sin ser magnífica, es sin duda digna de ser escuchada con atención.

A través de los años y de sus letras, Leonard Cohen nos ha dejado una gran colección de canciones que atraen, hoy más que nunca a nuevas generaciones de aficionados que gustan de su estilo. A muchos de nosotros, esas canciones nos siguen pareciendo extremadamente evocativas, especialmente si pueden ser escuchadas a solas, cuando afuera está lloviendo y uno tiene un buen vino o un buen café entre las manos.

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